Investigación / Conocimiento

“Allí donde el sujeto no puede ir con su objetividad, inteligibilidad y dialecto, puede hacerlo con la intuición de su conciencia”

Jorge Wagensberg

UNA VACUNA CONTRA EL VIRUS HERPES SIMPLE

Las vacunas son preparados biológicos diseñados para proporcionar, una vez administrados, inmunidad ante una determinada enfermedad, en el caso que nos ocupa, en el ser humano. Y es el método más empleado para prevenir enfermedades infecciosas.

El campo de las vacunas, es uno de los más importantes y que más están evolucionando, en la investigación biomédica actual (4).

Existen diferentes estrategias para adquirir o potenciar la inmunidad y concretamente la inmunogenicidad, o capacidad que tiene el sistema inmunologico, (que es nuestro sistema de defensa natural para mantener el equilibrio ante agresiones externas o internas), de reaccionar ante un antígeno (elemento o molécula extraña del virus, normalmente una proteína, que reconoce el sistema inmune), sí porque también existen proteínas del virus no inmunogénicas para el sistema inmune. La parte del antígeno a la que se unen las moléculas o células del sistema inmune, se denomina epítopo.

El antígeno, por tanto, es el componente activo de la vacuna. Algunas veces el antígeno se acompaña de otro componente, un adyuvante, sustancia que aumenta o potencia el antígeno, al mantenerlo más tiempo en el lugar de la infección, y hace que se estimulen con mayor intensidad nuestras defensas y mejoren su eficacia. La vacuna por último puede contener pequeñas cantidades de otras sustancias, como por ejemplo estabilizantes que aseguran que la vacuna seguirá siendo efectiva hasta su uso.

Por tanto el objetivo de la vacuna es administrar antígenos que provoquen inmunogenicidad, y la potencien de manera que ayude a nuestro sistema inmunológico a combatir el virus y la infección.

Una vacuna terapéutica efectiva debe inducir una inmunidad mejor y más potente que la provocada por la infección natural, que no consigue prevenir las recurrencias. En cualquier caso se especula que una vacuna terapéutica que no resulte efectiva, puede llegar a resultar útil como vacuna profiláctica (preventiva).

El objetivo ideal de una vacuna es la erradicación del virus, pero esta seguramente será difícil de lograr, por lo que los objetivos clínicos de la vacuna se centran en conseguir reducir la enfermedad o las lesiones, reducir las recurrencias, reducir la diseminación del virus, y paralelamente mejorar las respuestas del sistema inmune, generando anticuerpos neutralizantes y mejorando las respuestas de células T.

CUADRO DE VACUNAS EN DESARROLLO

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